Historias nórdicas

Llegamos a Estocolmo y rápidamente nos estábamos montando en un tren que se dirigía hacia Narvik en Noruega. Durante el trayecto, conocimos a unos suecos con los que entablamos conversación (en inglés primitivo) y gracias a nuestra simpatía y unos más que sorbos de un elixir de hierbas de Zamora, acabaron dándonos la dirección de uno de los mejores sitios de Suecia para ver Auroras: Abisco turist station. Gracias a su recomendación nos rebajaron el precio de la estancia considerablemente. La llegada a Abisko fue un tanto impredecible, porque el tren paró en medio de la nieve ante una casetita de madera que hacia las veces de estación, en medio de una nevada de aquellas. las luces más próximas estaban como a 1 km de distancia, y no teníamos muy claro que aquello fuera el lugar en cuestión. Una vez pasada la primera sensación de...(y ahora que hacemos) nos dirigimos hacia la luz, y allí estaba nuestro querido albergue. Allí pasamos varios días disfrutando de Auroras, pateos sobre un lago helado, y encuentros casuales con algún que otro animal, entre ellos una mama Alce con su cría, que nos dio un buen susto por acercarnos demasiado para hacerla fotos.

A partir de esta experiencia, una parte de mi fluido vital se congeló para siempre en estas tierras semi salvajes del  norte. Ahora cada cierto tiempo siento la necesidad de volver allí, para descongelar mis recuerdos y disfrutar una vez más de la magia y el misterio de esa región del planeta.